Entre sierras, memoria ferroviaria y el trabajo de sus vecinos, Mal Abrigo, en el departamento de San José, transformó parte de su patrimonio e identidad local en una propuesta turística que invita a descubrir el Uruguay de las pequeñas localidades, los paisajes rurales y los oficios tradicionales.
Uno de los impulsores de Mal Abrigo Pueblo Turístico es Pedro Travieso, de 65 años, expolicía retirado y artesano herrero dedicado a la cuchillería. En diálogo con Cercanías, recordó que la iniciativa comenzó a desarrollarse con el apoyo del Ministerio de Turismo y de la entonces Dirección de Turismo de la Intendencia Departamental de San José.
Travieso destacó especialmente la participación del fallecido Hugo Ceretta, quien tuvo un papel relevante en la promoción turística departamental y en el desarrollo del proyecto. Paisaje serrano, tranquilidad, producción rural y patrimonio ferroviario comenzaron así a integrarse en una propuesta orientada a generar nuevas oportunidades para la comunidad.

El ferrocarril, corazón de Mal Abrigo
El proyecto “Mal Abrigo, paraíso escondido” obtuvo en 2015 el Premio Pueblo Turístico del Ministerio de Turismo. El reconocimiento permitió impulsar la recuperación de instalaciones ferroviarias y desarrollar espacios destinados a servicios turísticos, artesanos y productores locales.
La iniciativa fue inaugurada oficialmente en 2017. Su principal escenario es el antiguo complejo ferroviario, estrechamente ligado al nacimiento de la localidad. Las tierras de la estación habían sido adquiridas en 1898 por la compañía del Ferrocarril Central del Uruguay y, hacia fines de 1899, comenzaron a delinearse las primeras manzanas del poblado. En 1902 entró en funcionamiento la línea Mal Abrigo–Mercedes.
El edificio de la antigua Estación de AFE Mal Abrigo conserva hoy buena parte de su estructura original, aunque sus espacios fueron adaptados para nuevos usos vinculados al turismo y la gastronomía. Según explicó Pedro Travieso a Cercanías, el museo ferroviario ocupa sectores que originalmente funcionaron como depósito de encomiendas, oficina del jefe de estación y sala de telégrafos y despacho de boletos.
Otros espacios que antiguamente estaban destinados al despacho y recepción de encomiendas fueron acondicionados para la preparación de los servicios gastronómicos, entre ellos cafés y la preparación de distintos productos.
La antigua sala de espera funciona actualmente como salón para recibir y atender a los visitantes. Allí también se diseñó una línea de tiempo que recorre la historia de la estación y del pueblo desde su fundación, incorporando al recorrido una dimensión histórica y educativa.
El corredor y el andén completan la propuesta: en esos sectores se instalan mesas que permiten a los visitantes permanecer junto al edificio ferroviario y disfrutar del entorno del parque.
La estación, sus andenes, plataforma giratoria, galpón de máquinas y demás estructuras constituyen testimonios fundamentales de aquella época. En 2021, la Estación Mal Abrigo fue declarada Monumento Histórico Nacional, consolidando su valor patrimonial.
Una tradición muy difundida atribuyó durante años el origen del nombre del pueblo a Dámaso Antonio Larrañaga y a una incómoda noche durante su viaje de 1815. Sin embargo, documentación histórica posteriormente divulgada por el Ministerio de Educación y Cultura descartó esa interpretación: el propio diario de Larrañaga ya mencionaba la Venta del Mal Abrigo, demostrando que la denominación existía con anterioridad.
Artesanía y producción mantienen vivo el proyecto
El modelo fue concebido para favorecer un funcionamiento progresivamente autosustentable mediante turismo, ferias, gastronomía, producción local y artesanías. Travieso participa desde su oficio de cuchillero artesanal y continúa vinculado al grupo de gestión.

Durante diferentes celebraciones, el pueblo recibió importantes cantidades de visitantes. Travieso recuerda especialmente actividades vinculadas al ganado Normando, históricamente relacionado con la producción de la zona, que permitieron combinar gastronomía, tradición rural y encuentro comunitario.
La artesanía continúa ocupando un lugar relevante. Raquel Pérez, también entrevistada por Cercanías, comenzó su actividad después de jubilarse y actualmente comparte el espacio artesanal con Reina Sienra.
“Nos daban el espacio físico y los artesanos podíamos trabajar, exponer y vender los fines de semana”, explicó. Aunque algunos participantes fueron dejando la iniciativa con el paso del tiempo, ambas mantienen su actividad y contribuyen a conservar uno de los componentes característicos de la propuesta turística.
Un pequeño destino con grandes desafíos
Mal Abrigo ofrece la posibilidad de conocer un pueblo nacido alrededor del ferrocarril y rodeado de un paisaje rural que conserva buena parte de su identidad. El museo ferroviario, la cafetería, las artesanías y el parque de la estación forman parte de una experiencia que combina patrimonio, producción y vida comunitaria.
Para Pedro Travieso, el futuro requiere mantener la difusión, capacitación y acompañamiento institucional, de manera que los servicios ofrecidos puedan consolidarse y renovarse.
El objetivo permanece vigente: que historia ferroviaria, paisaje rural, gastronomía y artesanía continúen integrándose para sostener un destino construido sobre el esfuerzo de sus vecinos y sobre la decisión de transformar la identidad local en una experiencia para compartir.












